A sus 100 años, María Carlina Jiménez todavía se baña y se peina por sí misma, organiza su cama, se pone los zapatos y sube al carro sin ayuda. No mantiene una dependencia permanente de medicamentos, disfruta regresar al campo los fines de semana y, cuando sale con su familia, todavía encuentra espacio para algunos de sus gustos, entre ellos una pechuga gratinada, una Coca-Cola y ocasionalmente una crema de whisky. Cumplió un siglo de vida el pasado 16 de julio y, aunque su historia podría llevar a buscar una fórmula extraordinaria detrás de su longevidad, ella la explica con palabras mucho más sencillas. Habla de salud, bienestar, paciencia y, especialmente, de tranquilidad.

Esa tranquilidad también aparece en pequeños comportamientos de su vida cotidiana. Si su familia sale y puede acompañarla, María Carlina va con ellos. Si las condiciones no se lo permiten, permanece en casa sin impacientarse. Algunas noches comparte hasta tarde con sus nietos mientras escucha sus conversaciones, participa de sus historias y, como ella misma dice, también “ayuda la risa”. Su familia procura acompañarla cuando alguna actividad representa un riesgo, pero ella continúa realizando por cuenta propia buena parte de sus actividades personales. Esa autonomía permanece después de una vida en la que también ha debido enfrentar importantes desafíos de salud.

Foto – Blanca Castro

María Carlina padeció cáncer y recibió atención en el Instituto Nacional de Cancerología, en Bogotá, donde fue intervenida y logró superar la enfermedad. A los 95 años enfrentó otra prueba cuando una apendicitis terminó llevándola a una cirugía de urgencia. Su familia recuerda que inicialmente existieron dudas sobre la posibilidad de intervenirla debido a su edad. Finalmente fue operada y logró recuperarse, aunque esta vez el proceso resultó considerablemente más difícil. Ella misma reconoce que tardó en buscar atención médica porque estuvo, en sus palabras, “haciéndome la guapa”. Pese a estos antecedentes, asegura que durante buena parte de su vida no ha necesitado mantener tratamientos farmacológicos continuos, salvo cuando alguna condición particular lo ha requerido.

Foto – Blanca Castro

Su historia comenzó en Aguaclara, donde nació y creció en una familia de recursos limitados. Con los años tuvo nueve hijos, ayudó posteriormente en la crianza de nietos y alcanzó a conocer bisnietos y tataranietos. Un siglo de vida también ha significado aprender a convivir con las ausencias. Dos de sus hijos murieron cuando eran pequeños y otros dos siendo adultos. María Carlina reconoce que esas pérdidas continúan siendo dolorosas, pero cuando habla de la manera en que ha seguido adelante vuelve a mencionar la paciencia y la aceptación. Hoy vive junto a su hija Blanca y su yerno, mientras cuatro de sus hijos permanecen en Villanueva y varias generaciones de su familia continúan acompañándola.

Hace aproximadamente 34 años María Carlina llegó a Villanueva y desde entonces ha sido testigo del crecimiento del municipio, pero también del de su propia familia. Después de atravesar enfermedades, pérdidas y diferentes etapas de su vida, no atribuye haber llegado a los 100 años a una receta específica. Su explicación reúne salud, tranquilidad, paciencia, humildad y cariño. Tampoco entrega una fórmula complicada cuando habla con los más jóvenes, a quienes aconseja ser educados, amables y atentos con los demás. Y cuando piensa en lo que espera para los años que siguen, vuelve precisamente a una de las palabras que más repitió durante la conversación y que, para ella, parece explicar buena parte de este siglo vivido: tranquilidad.

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