“Todo gira alrededor del niño”, afirmó el ingeniero Sebastián Cárdenas, mientras describía una rutina que no distingue entre semana y fin de semana. Milan Sebastián Cárdenas Castrillón, su hijo, de seis años, compite en kartismo, un deporte que reorganizó la vida de su familia en Villanueva.
Allí entrena y participa en diferentes competencias, y, según su padre, asegura representar al municipio cada vez que sale a la pista. Es un detalle que el niño repite con naturalidad cuando aparece en transmisiones y registros oficiales. Corre como piloto de Villanueva, un lugar que lo identifica como propio, incluso con el apodo de “el llanerito”.

Antes del kartismo, Milan pasó por otros deportes. Fútbol, tenis y baloncesto hicieron parte de una etapa de exploración que no se sostuvo en el tiempo. Lo que sí se repitió fue la insistencia por ir a Villavicencio a montar en karts recreativos. En una de esas jornadas, un mecánico del medio, conocido como Don Miguel, observó al niño en pista y sugirió que podía iniciar un proceso formativo más estructurado.
Milan tenía cuatro años y medio cuando comenzó a entrenar formalmente. La reglamentación nacional permite competir desde esa edad en la categoría Baby Rokker, destinada a niños entre los cuatro y siete años. A partir de ese momento, el conducir dejó de ser recreativo. Llegaron los entrenamientos regulares, la preparación física y la adaptación a las exigencias de la competencia.
La temporada 2024–2025 fue la primera que disputó de forma completa en campeonatos oficiales avalados por la Federación Colombiana de Kartismo, supervisados por la FIA (Federación Internacional de Automovilismo) y el Ministerio del Deporte. En el Campeonato Rokker Colombia, dentro de la categoría Baby Rokker, se consagró campeón nacional. Durante la temporada registró seis poles, siete vueltas rápidas y el mayor número de victorias del año, resultados que lo llevaron a recibir el reconocimiento como piloto más rápido de su categoría.

Ese desempeño le abrió la puerta a la competencia internacional. En el Suramericano Rota Smash Challenger, disputado en Latacunga, Ecuador, Milan representó a Colombia frente a pilotos de distintos países de la región, finalizando en el tercer lugar del podio.
Mientras los resultados se acumulaban, la rutina diaria se volvía más estricta. Milan asiste al colegio en la mañana. En la tarde entrena dos horas en el gimnasio y, al final del día, utiliza un simulador diseñado para preparación deportiva. Tres veces por semana entrena en pista. Recorre entre 120 y 130 kilómetros semanales, una carga que le permite llegar a cada competencia mensual con cerca de 500 kilómetros previos de preparación.
La familia entera se organiza en función del calendario deportivo. El padre, la madre y la hermana mayor acompañan entrenamientos, viajes y procesos logísticos. El propio padre lo define como un proyecto familiar, no solo por el tiempo que exige, sino por el esfuerzo económico que implica. Una temporada en la categoría inicial puede superar los sesenta millones de pesos, sin embargo, con la ayuda de algunos “angelitos” como los llama el ingeniero Sebastián, han logrado continuar con este proyecto.

Tras cerrar la última temporada, Milan dejó la categoría Baby Rokker y comenzó su preparación en Micro Rokker, un nivel superior que incluye motores de mayor potencia y competencias con niños de hasta once años. Actualmente entrena para debutar oficialmente en esa categoría durante el próximo ciclo competitivo.
A corto plazo, el plan contempla carreras en Ecuador y México. A mediano plazo, la proyección es competir en Europa a partir de 2027. Son objetivos que, según sus padres, dependen de múltiples factores, pero que ya hacen parte del cronograma que ordena la vida familiar.

