Tras la realización de un mural con el mensaje “7837 almas que no te dejarán dormir”, en referencia a las cifras de ejecuciones extrajudiciales documentadas por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), el expresidente Álvaro Uribe Vélez cubrió con pintura blanca la obra realizada cerca de su finca en Llanogrande, Rionegro, Antioquia.
La intervención fue promovida por personas afines al Pacto Histórico y liderada por el congresista electo Hernán Muriel, quien explicó que el mural buscaba hacer pedagogía social alrededor de las víctimas de los llamados “falsos positivos” ocurridos entre 2002 y 2010. La obra fue pintada sobre una estructura ubicada cerca de la entrada de la residencia del exmandatario.
Tras conocer la intervención, Álvaro Uribe Vélez canceló parte de su agenda en Medellín y regresó a su vivienda. Posteriormente participó en las labores para cubrir el mural y aseguró que la acción representaba una “provocación de violencia” y un acto de hostigamiento contra su familia.
Durante sus declaraciones, el exmandatario también cuestionó a sectores cercanos al petrismo y al senador Iván Cepeda. “Aquí no se le rinde homenaje a terroristas”, expresó mientras acompañaba a simpatizantes que cubrían la pintura con color blanco. “Petro y Cepeda quieren es incendiar el país estando ellos en el gobierno o por fuera del gobierno. Y esto necesita una fortaleza cívica tremenda para enfrentarlos”, expresó el exmandatario.
Por su parte, Hernán Muriel defendió el mural señalando que se trataba de un acto simbólico de memoria relacionado con las víctimas reconocidas dentro de los informes y decisiones de la JEP sobre ejecuciones extrajudiciales.
El episodio generó reacciones de distintos sectores políticos. El gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, y el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, respaldaron públicamente al expresidente y calificaron la intervención como un acto de hostigamiento político.

