Desde 2013, Elkin Fabián Abril comenzó un recorrido dentro del arbitraje colombiano que lo llevó de los torneos aficionados en Boyacá a la máxima categoría del fútbol profesional del país. Trece años después de iniciar ese proceso, el tauramenero hace parte del panel arbitral de la Liga BetPlay y recientemente integró el equipo arbitral de la final entre Junior de Barranquilla y Atlético Nacional, donde cumplió funciones como árbitro VAR. A sus 33 años, se encuentra en el escalafón más alto del arbitraje nacional y continúa persiguiendo una meta que todavía considera pendiente: llegar a los escenarios internacionales.
Para Abril, el arbitraje está lejos de ser únicamente una labor dentro de una cancha. Habla de preparación física, estudio permanente y análisis constante del juego. También recuerda que detrás de cada decisión existe una persona obligada a interpretar situaciones en cuestión de segundos. Por eso insiste en que los árbitros son humanos, que pueden equivocarse y que la única manera de reducir el margen de error es prepararse todos los días. En su caso, esa preparación incluye entrenamiento físico, revisión de partidos, estudio del reglamento e incluso aprendizaje de inglés como parte de sus objetivos de crecimiento profesional.

Su ingreso al arbitraje ocurrió mientras estudiaba la Licenciatura en Educación Física en Tunja. Lo que comenzó como una alternativa para generar ingresos terminó convirtiéndose en una profesión.
El camino no fue corto. Primero hizo parte de la Primera C, categoría en la que participan cientos e incluso miles de árbitros en todo el país. Más adelante logró ascender a la categoría B, correspondiente al arbitraje profesional de la segunda división, donde el grupo se reduce a cerca de 80 o 100 jueces. Finalmente, en 2024, alcanzó la Primera División, un panel integrado por alrededor de 120 árbitros encargados de atender las necesidades del fútbol profesional colombiano.
Pertenecer a ese grupo no garantiza presencia permanente en los partidos. Las designaciones dependen del rendimiento y de las evaluaciones realizadas por la Comisión Arbitral de la Federación Colombiana de Fútbol. En algunas etapas puede ser designado cada ocho días, mientras que en otros momentos los llamados pueden tardar entre quince y veinte días. Todo depende de las valoraciones técnicas, del desempeño de cada árbitro y de la competencia permanente que existe dentro del grupo profesional.

Por eso gran parte de su rutina transcurre lejos de los estadios. Entrena diariamente, estudia el reglamento, analiza videos y observa partidos de manera constante. Dice que gran parte de su vida gira alrededor del fútbol y que la preparación no termina cuando finaliza un encuentro. Cada temporada implica nuevas pruebas físicas, capacitaciones y actualizaciones reglamentarias que determinan quiénes continúan siendo tenidos en cuenta para dirigir en las principales competiciones del país.
Aunque ya alcanzó el máximo escalafón nacional, Abril considera que su carrera todavía tiene una meta pendiente. En su lugar de estudio conserva imágenes y referencias relacionadas con la FIFA y los grandes torneos internacionales. Allí permanece el objetivo que lo acompaña desde hace varios años: representar al arbitraje colombiano en competiciones internacionales y algún día formar parte de una Copa Mundial. Para este árbitro nacido en Tauramena, ese sigue siendo el próximo gran partido por dirigir.

