Entre el colegio, el gimnasio, el patinaje y los entrenamientos sobre la bicicleta, Luciana Valentina Flores ya tiene una rutina organizada alrededor del deporte. Tiene nueve años y acaba de regresar de Guarne, Antioquia, donde obtuvo el primer lugar en la prueba de 600 metros velocidad y el tercer puesto en los 800 metros fondo durante el Campeonato Panamericano de Naciones de Escuelas y Novatos. Los dos resultados la ubicaron entre las mejores patinadoras de su categoría en el continente y marcaron un nuevo paso dentro de un proceso deportivo que comenzó cuando apenas tenía cinco años.
Para Jaime Flores, padre de la menos, el deporte nunca se limitó a la competencia. Considera que la disciplina que exige un entrenamiento termina trasladándose a otros aspectos de la vida. Recuerda que los primeros patines llegaron como un regalo de los abuelos y que, aunque al comienzo parecían un juego, con el paso de los meses se transformaron en una rutina que hoy hace parte del crecimiento de Luciana dentro y fuera de la pista. “Si tú coges un deporte como una disciplina, vas a llegar muy lejos. Y eso para la vida es muy importante”, resume al explicar por qué decidieron mantenerla en el patinaje.

Ese proceso hoy tiene una recompensa deportiva, pero también una meta clara. Luciana recuerda que al cruzar la meta y quedarse con el primer lugar sintió “mucha felicidad” porque detrás de esa carrera había meses y años de entrenamiento. La experiencia en su primer Panamericano también reforzó una decisión que, asegura, tomó desde muy pequeña. “Yo quiero ser patinadora profesional y representar a Colombia”, afirma, convencida de que ese es el camino que quiere seguir construyendo.
Durante estos cuatro años, el patinaje también la llevó a descubrir la bicicleta de montaña como parte de su preparación física. La resistencia, la velocidad y el equilibrio que exige una disciplina terminan complementando a la otra, razón por la cual también ha participado en competencias de MTB y figura entre las mejores deportistas del ranking departamental de Casanare. Sin embargo, cuando habla de su futuro, siempre vuelve al mismo lugar, la pista de patinaje.

Más allá de los resultados, Jaime insiste en que el deporte debe entenderse como un proceso antes que como una meta. Por eso, explica que nunca han buscado imponerle un camino, sino permitir que sea ella quien disfrute cada entrenamiento y cada competencia con naturalidad. Esa autonomía, asegura, ha hecho que hoy ya no sea necesario recordarle cuándo debe entrenar, porque el deporte terminó convirtiéndose en parte de su propia rutina.
Cuando se le pregunta qué fue lo mejor del viaje a Antioquia, Luciana responde que conoció lugares y vivió experiencias nuevas. Pero, al momento de elegir qué quiere repetir, la respuesta llega sin pensarlo dos veces. No quiere volver por el paseo. “Quiero volver a competir”. En esa frase queda resumida la manera en que, a sus nueve años, el deporte dejó de ser una actividad más para convertirse en el espacio donde quiere seguir creciendo.

