El soldado profesional Idel José Torres Herrera murió el domingo 27 de septiembre durante combates entre tropas de la Fuerza de Despliegue Rápido N.° 4 y la estructura Carlos Patiño de las disidencias de las Farc, en zona rural de El Tambo, Cauca. De acuerdo con el Ejército, durante las confrontaciones las tropas fueron atacadas con drones y armas de largo alcance y, después de la muerte del uniformado, su cuerpo fue sustraído del lugar, situación que impidió inicialmente su recuperación y la realización de los actos urgentes de investigación.
Durante cerca de 24 horas, los restos del militar permanecieron en poder de esa estructura armada. El Ejército solicitó entonces la intervención del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), la Defensoría del Pueblo y autoridades civiles para lograr su recuperación, al tiempo que señaló que la sustracción del cuerpo vulneraba las normas del Derecho Internacional Humanitario. Finalmente, este lunes 28 de septiembre, el cuerpo fue entregado a una misión humanitaria en el corregimiento de Huisitó, en El Tambo, para iniciar el proceso que permitirá devolverlo a sus familiares.

Detrás del episodio quedó la historia familiar de Torres Herrera. El soldado era oriundo de Valencia de Jesús, corregimiento de Valledupar, llevaba alrededor de tres años en el Ejército y su hija había nacido apenas 12 días antes de su muerte. Según sus familiares, el sábado todavía había tenido comunicación con ellos antes de salir a una misión de reconocimiento.
El militar no había podido viajar para conocer personalmente a la niña. Su esposa, Julieth Amaya, relató que esperaba hacerlo durante un permiso previsto para diciembre. En una de sus últimas comunicaciones le pidió que cuidara a su hija y le habló de los planes que tenía cuando finalmente pudiera encontrarse con ella: “Yo quiero ir a conocer a mi bebé en diciembre”, recordó su esposa. También había hablado de llevarla al parque y pasear con ella.

Mientras se adelantaban las gestiones para recuperar el cuerpo, la familia pidió públicamente que pudiera ser devuelto para despedirlo. Su padre, Idelfonso Torres, hizo un llamado a quienes lo tenían para que permitieran su regreso, mientras su esposa cuestionó la falta de información que inicialmente recibió sobre lo sucedido después del combate.
La entrega realizada este lunes puso fin a la espera por la recuperación de los restos, pero dejó una historia marcada por el encuentro que nunca ocurrió. Torres Herrera esperaba regresar en diciembre para conocer a la niña que había llamado su “princesa”; murió semanas antes de poder cargarla por primera vez.

