Hace 23 años, Wilson Onirio Ramírez Romero tomó una decisión que terminaría cambiándole la vida. Hasta entonces trabajaba en el campo, pescaba y aceptaba los jornales que aparecían. Junto a su esposa decidió dejar de depender de la suerte y apostarle a construir algo propio, aunque no supiera exactamente cómo

“Siempre mandábamos a imprimir a Villavicencio o a Bogotá, pero llegó el momento en que dijimos: no, vamos a meternos de lleno con las máquinas”.