A los 27 años, Carlos Andrés Bolívar lleva 24 practicando karate y todavía no ha establecido una edad para dejar de competir. Su recorrido suma alrededor de 120 medallas, participaciones dentro y fuera de Colombia y, actualmente, un nuevo proceso clasificatorio hacia los Juegos Nacionales. La competencia más reciente fue en Medellín, donde participó en la modalidad de kata representando a Casanare. Ahora espera conocer la puntuación obtenida para saber cómo avanza dentro de ese camino, mientras continúa entrenando desde Bogotá y manteniendo una rutina deportiva que comenzó cuando tenía aproximadamente tres años, un dato que recuerda con alegría cuando repasa el tiempo que ha permanecido dentro de esta disciplina.

Andrés llegó al karate de la mano de su padre y entrenador, Juan Carlos Suárez, a quien menciona con respeto al hablar de sus primeros años. Su padre se trasladó a Sabanalarga hace cerca de 16 años, mientras él continuó practicando y con el tiempo empezó a representar a Casanare en diferentes competencias. Calcula que lleva entre 19 y 20 años participando en torneos municipales, departamentales y nacionales. En ese recorrido fue segundo a nivel nacional en Juegos Intercolegiados y también salió del país para competir en Panamá, donde obtuvo el primer lugar en kata durante un campeonato panamericano de karate tradicional. De las aproximadamente 120 medallas que conserva, estima que entre 40 y 50 corresponden a primeros lugares.

Mantenerse durante más de dos décadas en competencia, sin embargo, depende actualmente de una tarea que Andrés identifica como una de las más complejas, conservar la disciplina. Al vivir en Bogotá y no tener siempre contacto directo con otros compañeros, debe organizar sus propios horarios para entrenar, mantener la condición física y no perder la técnica. Su manera de asumir las competencias también ha cambiado. Recuerda que durante los primeros años una derrota podía desanimarlo y llevarlo a pensar que quizá el karate no era para él. Ahora, después de competir, revisa qué ocurrió, cómo respondió físicamente y cuáles aspectos técnicos debe corregir. El resultado sigue importando, pero también lo que pueda llevarse de cada presentación para volver al siguiente torneo.

Cuando habla de los lugares que ha ocupado dentro del karate, Andrés enumera con alegría varios de ellos. Ha sido deportista, juez, árbitro, delegado y también entrenador. La posibilidad de quedarse algún día en este último rol cambia el ritmo de su respuesta. Se toma tiempo para pensarlo y reconoce que podría ejercer como entrenador, una figura que considera importante como guía para quienes están comenzando. Pero enseguida vuelve al presente. No sabe hasta qué edad competirá y tampoco quiere establecerla. Le gusta hacerlo, lo mantiene físicamente activo y todavía quiere seguir presentándose en competencia. Si alguna vez deja de ocupar ese lugar, el karate ya le ha mostrado otros espacios desde los cuales podría continuar.

Por ahora, Andrés sigue siendo competidor. Medellín fue una nueva parada después de años de torneos, ciudades recorridas y cerca de 120 medallas, y su atención está puesta en conocer cómo quedó ubicado en el proceso hacia los Juegos Nacionales y en corregir lo necesario para las próximas competencias. Cuando intenta mirar más adelante aparece la posibilidad de acompañar otros procesos como entrenador, pero todavía no como una decisión definitiva. Después de 24 de sus 27 años dentro del karate, el momento de cambiar definitivamente de lugar puede estar en algún punto del camino. Andrés, mientras tanto, sigue entrenando para volver a competir.

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