La decisión de construir el frigorífico departamental en Nunchía puso fin a un proceso que durante varios meses tuvo como escenario principal a Paz de Ariporo. Inicialmente, el proyecto fue planteado para ese municipio, pero las dificultades jurídicas alrededor de la vigencia de su Plan Básico de Ordenamiento Territorial (PBOT) llevaron a replantear la iniciativa hasta definir una nueva ubicación. El frigorífico seguirá adelante y eso, sin duda, representa una buena noticia para el sector ganadero del departamento
Sin embargo, el desarrollo de este proyecto deja abierta una conversación que trasciende el lugar donde finalmente será construido. La verdadera pregunta es si Casanare está definiendo la ubicación de sus grandes inversiones con una visión de largo plazo, basada en criterios técnicos, logísticos y de competitividad que permitan potenciar el desarrollo de todo el territorio.
No se trata de cuestionar la decisión tomada ni de abrir una discusión entre el norte y el sur del departamento. Casanare necesita que todas sus regiones crezcan y cada una posee fortalezas propias. Lo que vale la pena debatir es si, al momento de proyectar inversiones de alcance departamental, se están evaluando los beneficios comparativos y competitivos que tiene el departamento.

En ese análisis aparece un elemento que cada vez cobra mayor importancia: la capacidad logística. Durante los últimos años, el sur de Casanare ha consolidado una infraestructura que lo conecta de manera estratégica con otros departamentos y con algunos de los principales corredores económicos del país. Municipios como Villanueva, Monterrey, Tauramena, Maní y Sabanalarga hacen parte de una región que cuenta con conexión directa hacia el Meta y el centro del país, acceso a importantes corredores nacionales, cercanía a sistemas fluviales como los ríos Upía y Meta, además de infraestructura energética y una dinámica empresarial que ha venido creciendo de forma sostenida.
Esa realidad no convierte al sur en el lugar obligado para recibir todos los proyectos. Pero sí plantea una pregunta legítima: ¿debería esa capacidad logística entrar con mayor peso en la discusión cuando se definan futuras inversiones de impacto departamental? Porque una obra pública de gran escala no solo responde a una necesidad inmediata; también modifica las dinámicas de transporte, comercio, empleo, inversión privada y crecimiento económico durante décadas.
El frigorífico ya tiene un destino definido y esa discusión parece cerrada. La que apenas comienza es otra: ¿cómo quiere Casanare planificar sus próximos proyectos estratégicos? Quizá el reto ya no sea únicamente encontrar un terreno disponible o resolver una dificultad jurídica, sino construir una metodología que permita identificar cuál es la ubicación que genera mayores beneficios para el conjunto del departamento. Esa conversación, más que dividir regiones, puede convertirse en una oportunidad para pensar un Casanare más integrado, competitivo y preparado para el futuro.

