El maestro Javier Correa ha participado en procesos de formación musical en Sabanalarga, Barranca de Upía y Villanueva durante los ultimo 22 años. En estos dos últimos municipios ha contribuido a consolidar bandas sinfónicas y, en medio de ese trabajo, ha obtenido reconocimientos en concursos departamentales y nacionales. Sin embargo, asegura que el mayor resultado de ese recorrido no está únicamente en los primeros lugares, sino en las generaciones de jóvenes que encontraron en la música una disciplina que terminó acompañándolos dentro y fuera de los escenarios.


Aunque se formó como músico y director sinfónico, la realidad de la región le mostró otro camino. Sus primeros acercamientos a la música estuvieron guiados por los maestros José Geibar Hernández y Guillermo Merchan, quienes despertaron su interés por este arte. Sin embargo, fue el ejercicio profesional el que terminó orientándolo hacia la pedagogía. Al no existir bandas profesionales donde pudiera desarrollar plenamente la dirección sinfónica, primero debía formar a quienes algún día integrarían esas agrupaciones. Con el tiempo entendió que dirigir una banda también implicaba aprender estrategias pedagógicas, adaptar la enseñanza a niños y jóvenes y construir procesos desde sus primeras notas hasta las presentaciones en público.
Ese aprendizaje comenzó en Sabanalarga y continuó en Villanueva, pero fue en Barranca de Upía donde encontró las condiciones para consolidar un proceso a largo plazo. El respaldo institucional permitió ampliar el equipo de trabajo, fortalecer la dotación de instrumentos y mantener una escuela de formación que con los años empezó a reflejarse en resultados dentro y fuera del departamento. Para Javier, esos reconocimientos nunca han sido un objetivo aislado, sino la consecuencia de un trabajo constante en el que también participan los demás docentes que hacen parte del proceso musical.


Con los años también cambió su manera de entender la enseñanza. Al principio quería formar músicos profesionales en cada generación, pero la experiencia le mostró que la música también cumple un papel cuando quienes pasan por una banda terminan ejerciendo otras profesiones. Hoy celebra tanto a los estudiantes que decidieron estudiar música como a quienes son médicos, ingenieros, abogados o profesionales en otras áreas y conservan la disciplina, la constancia y los hábitos de estudio que aprendieron durante los ensayos. Para él, ese también es un resultado del proceso pedagógico.
Después de más de dos décadas dedicado a la música, Javier considera que el arte ha ganado un espacio que antes era más difícil de alcanzar. Asegura que hoy existen mayores oportunidades para desarrollar una carrera profesional y que el trabajo de muchos docentes, directores y músicos ha contribuido a que la formación artística sea cada vez más valorada. Al mirar hacia atrás, siente que el esfuerzo invertido en cada ensayo, concierto y proceso de formación ha valido la pena porque permitió demostrar que la música también puede convertirse en un proyecto de vida.


Ahora su principal reto vuelve a estar en Villanueva. Javier Correa acompaña el proceso de formación de la Banda Sinfónica del municipio, un proyecto que, asegura, cuenta con el respaldo de la administración municipal, un aspecto que considera fundamental para consolidar cualquier proceso artístico a largo plazo. Mientras trabaja para fortalecer esa agrupación en los próximos años, también proyecta continuar su formación académica con un doctorado en música, convencido de que seguir aprendiendo es otra forma de aportar al crecimiento de las bandas y de las nuevas generaciones de músicos.

