La preparación de María Camila Peña Quiroga para las pruebas Saber 11 no comenzó con la certeza de que terminaría obteniendo el mejor resultado de su institución. Fue un proceso que se construyó entre las clases habituales, preguntas que algunos docentes incorporaban a sus jornadas, tres simulacros de Milton Ochoa y horas adicionales de estudio. Fuera del colegio también encontró unas clases gratuitas que tomaba entre semana, de 8:00 a 10:00 de la noche, una rutina que debía acomodar junto con sus responsabilidades académicas y la práctica de patinaje durante las tardes.
Los sábados también tenían espacio para prepararse. De 8:00 de la mañana a 12:00 del mediodía regresaba al colegio para practicar, mientras que las noches quedaban para reforzar por su cuenta lo aprendido. Los resultados no siempre fueron alentadores: recuerda que en su primer simulacro obtuvo un puntaje considerablemente inferior al que alcanzaría finalmente en la prueba real. Con el paso de los meses, sin embargo, comenzó a evidenciar una mejora que le permitió llegar con una preparación distinta al día definitivo.
En medio de ese camino apareció también el miedo. María Camila reconoce que hubo un momento en el que se estresó y comenzó a pensar en lo que podría ocurrir con el resultado. No era una presión proveniente de su familia, de la que destaca el apoyo recibido, sino de las expectativas que sentía alrededor de su desempeño por ser una de las estudiantes destacadas del salón. Saber que algunos profesores esperaban un puntaje alto terminó convirtiéndose en una presión adicional mientras se acercaba la prueba.
Cuando finalmente consultó el resultado encontró 387 puntos. Su primera reacción, paradójicamente, estuvo lejos de ser una celebración: esperaba acercarse o superar los 400 puntos y al ver la cifra sintió que podía haber conseguido más. La percepción cambió cuando conoció lo que significaban esos 387 puntos frente a los demás resultados: había obtenido el puntaje más alto de su institución y, según lo informado durante la entrevista, estaba entre los dos mejores resultados de instituciones públicas de Villanueva. “Esperar ser el más alto fue una sorpresa”, reconoció.
La satisfacción terminó llegando no solamente por ocupar ese lugar, sino porque el resultado comenzó a abrirle posibilidades para el siguiente paso de su vida académica. Con apenas 15 años, María Camila proyecta estudiar Ingeniería Mecatrónica y explicó que una de las opciones que contempla es la Universidad Santo Tomás en Villavicencio, donde su puntaje podría representarle un descuento del 50 % en sus estudios. Matemáticas y Ciencias Naturales fueron sus áreas más fuertes, con 80 puntos en cada una, mientras que inglés terminó siendo la prueba que más dificultad le presentó.
Después de meses de preparación, simulacros, noches de estudio y momentos de incertidumbre, María Camila terminó entendiendo los 387 puntos de una manera diferente a aquella primera vez que los vio en una pantalla. Para ella, el proceso terminó siendo un reto y una demostración de lo que podía conseguir con esfuerzo. A quienes deberán presentar la prueba el próximo año les deja una recomendación nacida de su propia experiencia: prepararse al máximo, pero evitar sobrecargarse durante los últimos días para no llegar cansados y estresados al examen.

