Seis meses después de constituirse legalmente, la Asociación de Artesanos de Barranca de Upía recibió la primera oportunidad para desarrollar un trabajo conjunto. El proyecto consiste en el embellecimiento de una finca del municipio, pero para Marisol Garzón representa algo más que un contrato. Después de meses de reuniones, gestiones y organización, esa llamada confirmó que la disciplina y la constancia también terminan convirtiéndose en oportunidades. “Sentí como un fresquito. Les dije a las muchachas, vamos bien, vamos lentas, pero seguras”, recuerda al hablar del primer paso que hoy comienza a tomar forma para una asociación que apenas inició actividades en enero de este año.
Marisol Garzón preside una organización que nació con un propósito distinto al de reunir únicamente artesanos. Su intención ha sido construir un espacio donde también tengan cabida quienes elaboran alimentos, transforman materias primas o encuentran en la creatividad una oportunidad para emprender. La apuesta, explica, también busca aprovechar el crecimiento turístico que empieza a vivir Barranca de Upía para que los visitantes no solo conozcan el municipio, sino que puedan llevarse un producto elaborado por manos locales y, al mismo tiempo, abrir oportunidades para quienes durante años han trabajado de manera independiente sin una representación colectiva.

El camino, sin embargo, no ha sido inmediato. La asociación comenzó con quince mujeres y hoy permanece integrada por siete. Algunas decidieron retirarse al no encontrar resultados rápidos, una reacción que Marisol entiende, pero que no comparte. Para ella, construir un proceso requiere tiempo. “Todo tiene un proceso”, repite cuando recuerda que muchas esperaban oportunidades inmediatas. Por eso insiste en mantener el grupo unido y convencido de que el primer proyecto puede convertirse en la puerta para muchos más. “Con esta se nos van a abrir muchas puertas”, afirma mientras anima a quienes continúan creyendo en el trabajo colectivo.
Marisol prefiere hablar de disciplina desde su emprendimiento. Dice que esa palabra resume la manera en que organiza sus días y también la forma en que espera conducir la asociación. La puntualidad en las reuniones, el cumplimiento de los compromisos y la capacidad de distribuir el tiempo terminaron llamando la atención de quien hoy les abrió la primera oportunidad laboral. “Me vio tan constante en las reuniones que me dijo: venga, ayúdeme”, recuerda. Para ella, ese momento confirmó que la disciplina no siempre ofrece resultados inmediatos, pero sí termina siendo observada por quienes buscan personas comprometidas para sacar adelante un proyecto.

Esa misma filosofía es la que ahora quiere transmitir a las demás integrantes de la asociación. Más allá de vender artesanías o alimentos, considera que el verdadero reto consiste en fortalecer los conocimientos de cada emprendedor, gestionar capacitaciones, perfeccionar técnicas y crear una organización donde cualquier persona con talento tenga un espacio. Por eso insiste en que la asociación no quiere cerrarse a un solo grupo poblacional, sino convertirse en un escenario abierto para mujeres, jóvenes, adultos mayores y cualquier habitante de Barranca de Upía que encuentre en la creatividad una posibilidad de crecer.
Mientras el primer proyecto comienza a ejecutarse, Marisol ya piensa en el siguiente. No porque el objetivo sea acumular contratos, sino porque entiende que cada nuevo trabajo fortalece la confianza del grupo y demuestra que la espera ha valido la pena. Seis meses después de conformar la asociación, aquella disciplina empieza a dar sus primeros resultados.

