Más de dos semanas después de la segunda vuelta presidencial realizada el 7 de junio, Perú sigue a la espera de la oficialización de los resultados presidenciales. Keiko Fujimori logró una ventaja irreversible sobre el candidato de izquierda Roberto Sánchez al obtener el 50,11 % de los votos frente al 49,88 %, una diferencia cercana a los 43.000 sufragios entre más de 18 millones de votos contabilizados. Aunque las autoridades electorales aún avanzan en los procedimientos finales, el resultado ya es considerado matemáticamente irreversible.
La estrechez de la votación y la revisión de miles de actas observadas prolongaron durante más de dos semanas la definición de la contienda. Desde la misma noche electoral, los márgenes entre ambos candidatos fueron mínimos y obligaron a un escrutinio detallado de votos impugnados y sufragios provenientes del exterior, lo que retrasó la consolidación de un ganador.
Al igual que Colombia, Perú elige presidente mediante un sistema de dos vueltas. Si ningún candidato supera el 50 % de los votos válidos en la primera ronda, los dos aspirantes más votados avanzan a una segunda elección. En los comicios de este año, ninguno de los 35 candidatos logró una mayoría suficiente en abril, por lo que Fujimori y Sánchez disputaron una segunda vuelta que terminó convirtiéndose en una de las más cerradas de la historia reciente del país.

La elección también estuvo marcada por cuestionamientos del candidato de izquierda. Sánchez rechazó los resultados preliminares y denunció presuntas irregularidades en el voto de los peruanos residentes en el exterior, aunque organismos de observación electoral señalaron que no encontraron evidencias que comprometieran la transparencia del proceso.
El resultado devuelve al poder al fujimorismo, movimiento político asociado al expresidente Alberto Fujimori, y convierte a Keiko Fujimori en la primera mujer elegida para ocupar la Presidencia del Perú. Sin embargo, heredará un escenario complejo marcado por la fragmentación política y la alta rotación de mandatarios que ha caracterizado al país durante la última década.
La elección peruana deja una señal que también se observa en otros países de Latinoamérica. Aunque los contextos políticos de Perú y Colombia son diferentes, ambos han registrado en sus más recientes elecciones presidenciales contiendas cada vez más cerradas, con diferencias reducidas entre los candidatos finalistas. La tendencia refleja electorados más divididos, campañas altamente polarizadas y márgenes de victoria cada vez más estrechos, factores que incrementan la presión sobre las autoridades electorales y ponen a prueba la confianza ciudadana en los resultados.

