Mucho antes de que Barranca de Upía apareciera en los mapas modernos, una expedición conformada por más de 500 hombres avanzaba por las sabanas orientales en busca del Ocarica, el mítico Dorado que alimentó la ambición de los conquistadores europeos. Eran cerca de 100 hombres a caballo y más de 400 a pie, acompañados por perros de guerra, armaduras y provisiones para atravesar un territorio desconocido. Al frente iba Jorge de Espira, un explorador alemán que, según la investigación de José Arturo Aguirre, llegó hasta estas tierras siguiendo el rastro de una riqueza legendaria que durante siglos impulsó expediciones por América.

Esa es una de las historias que recoge “Barranca de Upía Encantada, cuna de la conquista del Meta”, un libro que Aguirre construyó durante trece años de investigación. La obra reconstruye el recorrido de aquellos conquistadores por el actual territorio de Barranca de Upía y explora el papel que tuvo esta región dentro de los procesos de exploración ocurridos durante el siglo XVI. Para el autor, el objetivo principal es preservar una memoria histórica que durante años permaneció dispersa entre documentos, mapas antiguos y relatos poco conocidos por las nuevas generaciones.

Dentro de esa reconstrucción también aparecen los guayupes, los antiguos habitantes de estas tierras, y la figura de la princesa Upía, personaje asociado al origen del nombre que hoy conserva el río y el municipio. Según explica Aguirre, Upía heredó su nombre de dos deidades veneradas por este pueblo indígena, el sol y el agua. La unión de ambos conceptos significa “sol a través de la lluvia”, es decir, lo que hoy conocemos como arcoíris. Estos elementos culturales, junto con las creencias asociadas a la tierra, la luna y el agua, forman parte de la memoria que el autor quiso rescatar dentro de la investigación.

Uno de los hallazgos que más destaca Aguirre es la de haber identificado el lugar exacto por donde cruzó la expedición de Jorge de Espira hacia territorio metense. Según la investigación que sustenta el libro, ese paso habría ocurrido en la vereda Carutal, en jurisdicción de Barranca de Upía. Para llegar a esa conclusión recurrió a fuentes históricas, mapas antiguos, observación del terreno, imágenes satelitales y vuelos con drones. Más allá de ubicar una ruta, el autor considera que ese punto representa un momento decisivo dentro de la historia regional, pues allí se habría producido el encuentro entre los europeos y los indígenas guayupes que habitaban estas tierras.

Aguirre también plantea que ese episodio ayuda a comprender los procesos de mestizaje que se desarrollaron posteriormente en la región. En su interpretación, el contacto entre ambos grupos marcó el inicio de una transformación cultural que terminaría influyendo en la identidad de los habitantes de los Llanos Orientales.

Detrás de la obra está José Arturo Aguirre, abogado, investigador e historiador local, quien llegó a Barranca de Upía en 2013 y encontró en el territorio una motivación para profundizar en su pasado. Investigación tomó forma a partir del trabajo desarrollado por el historiador Jairo Ruiz Chrión, a quien Aguirre reconoce como su maestro y una de las principales influencias detrás de este proceso.

Aguirre espera que la obra contribuya a posicionar al municipio como un destino de interés histórico y cultural. Entre sus planes está promover el libro en escenarios nacionales e internacionales, su intención es que quienes visiten Barranca de Upía no solo encuentren un paisaje llanero, sino también un territorio donde convergen memoria indígena, exploración europea y una historia que, según sostiene, aún tiene mucho por contar.

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