Durante doce años, Cristian Villegas ha enseñado fútbol en Barranca de Upía. Sin embargo, con el paso del tiempo entendió que el balón casi nunca era el centro de la conversación. Después de cada entrenamiento aparecían preguntas sobre el colegio, la familia, las amistades o las dificultades que muchos niños y jóvenes enfrentaban en sus casas. Fue entonces cuando comprendió que el deporte también podía convertirse en un puente para acompañarlos, orientarlos y construir una relación que iba mucho más allá de una cancha.

Para Cristian, el deporte representa una oportunidad para ocupar el tiempo libre antes de que otros caminos lo hagan. Explica que muchos jóvenes encuentran en los entrenamientos un espacio que los aleja del ocio, del consumo de sustancias psicoactivas o del abandono temprano de los estudios. “El deporte va con el estudio y tenemos que ir por un solo camino”, resume al explicar la filosofía que ha guiado su trabajo durante más de una década. Hoy completa doce años vinculado a los procesos deportivos del municipio y actualmente se desempeña como coordinador de deportes de Barranca de Upía.

Su relación con el deporte comenzó mucho antes de convertirse en entrenador. Recuerda que fueron varios profesores quienes despertaron en él esa pasión por el fútbol y por otras disciplinas como el baloncesto, el voleibol, el fútbol de salón, el boxeo y el taekwondo. Aquellos ejemplos terminaron marcando el camino que años después seguiría como instructor, cuando a los 19 años recibió la oportunidad de trabajar con niños y jóvenes de las veredas del municipio. Allí descubrió que enseñar no consistía únicamente en organizar un entrenamiento, sino en escuchar y acompañar a quienes llegaban a la cancha.

Con el paso de los años también comenzaron a llegar los resultados deportivos. Organizó los primeros procesos competitivos para representar a Barranca de Upía en los Juegos Intercolegiados y, posteriormente, impulsó la creación de un equipo femenino de fútbol que terminó clasificando a fases nacionales. Uno de los recuerdos que más conserva no tiene relación con un marcador, sino con el viaje que llevó a varias de esas jugadoras a subir por primera vez a un avión durante una competencia nacional. “Eso gritaban y brincaban porque era la primera vez que se subían a un avión”, recuerda al hablar de una experiencia que, para muchas de ellas, fue tan importante como el torneo mismo.

Ese contacto permanente con los jóvenes también le permitió comprender el alcance que puede tener un entrenador fuera de la cancha. Cuenta, entre risas, que un día llegó con el cabello pintado y, al siguiente entrenamiento, varios niños aparecieron con el mismo cambio de imagen. Más allá de la anécdota, entendió que los entrenadores también terminan convirtiéndose en referentes para quienes los observan cada semana. “Uno es un guía para los jóvenes”, afirma convencido de que cada consejo puede influir tanto como un entrenamiento.

Cristian asegura que se acerca el momento de dar un paso al costado dentro de ese ciclo. Su intención, explica, es seguir aportándole al deporte de Barranca de Upía desde otros espacios que le permitan continuar impulsando a los jóvenes del municipio. Mientras ese momento llega, mantiene la mirada puesta en el próximo 18 y 19 de julio, cuando más de mil deportistas de diferentes regiones del país llegarán a Barranca de Upía para disputar un torneo nacional de fútbol de salón, un proyecto que quiere convertirse en un punto de encuentro para formar personas, fortalecer la economía local y poner al municipio en el mapa deportivo del país.

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