Mario Montaña, Maicol Sogamoso, Valentina Castro, Fonseca Valentina y Vega Victoria tuvieron una semana para convertir un ejercicio de la clase de español en un cortometraje. Eran estudiantes de séptimo uno de la Institución Educativa Francisco Walter y trabajaron bajo la orientación de su docente Maritza Álvarez, con un celular como herramienta principal. Semanas después, “La llamada de la medianoche” pasó de ser una actividad académica sobre el cuento fantástico y de terror a obtener el primer puesto en la categoría de cortometrajes del Festival Internacional de Cine Pele el Ojo, realizado en Villavicencio.
El trabajo comenzó antes de que conocieran la convocatoria. Maritza había utilizado El gato negro, de Edgar Allan Poe, para acercar a sus estudiantes al lenguaje audiovisual y luego planteó que la evaluación del tema consistiría en llevar una historia al formato de cortometraje. Hubo dificultades para escribir, construir los guiones y trasladar las lecturas a imágenes, por lo que la docente seleccionó textos cortos y acompañó las grabaciones con correcciones sobre planos, movimientos y presentación. En ese ejercicio también insistía en acercar a sus estudiantes a temas de comunicación y utilizar herramientas que hacen parte de su cotidianidad, entre ellas el celular. “La llamada de la medianoche” tuvo versiones en los tres cursos de séptimo y la realizada por séptimo uno fue escogida para continuar el proceso.

La posibilidad de competir apareció después, durante una visita del Instituto de Cultura del Meta, cuando presentaron el Festival Internacional de Cine Pele el Ojo y explicaron su convocatoria. Maritza encontró que el cortometraje que ya habían producido cumplía con varias de las características solicitadas y fue ella quien inicialmente insistió en participar. Los estudiantes aceptaron y, mientras avanzaban las semanas, esa dinámica comenzó a cambiar. Crearon un grupo de WhatsApp, organizaron documentos, atendieron correcciones y buscaron tutoriales para resolver algunas tareas del proceso. Cada nuevo correo empezó a generar las mismas preguntas de los estudiantes, querían saber qué habían dicho, cómo iban y si el cortometraje había gustado.
El 15 de julio llegó una de las jornadas que Maritza todavía relata entre sonrisas. Había que cargar la información de la convocatoria antes de las once de la noche, pero la conexión comenzó a fallar. Probó con otra señal, buscó conectarse al internet de un vecino y finalmente regresó a casa para intentarlo nuevamente. Mientras recuerda la escena, cuenta que terminó encomendando el resultado a su fe y pensando que, si aquello iba a funcionar, Dios permitiría que el internet respondiera. A las 10:49 de la noche los archivos terminaron de cargar, once minutos antes del cierre. El 24 de julio recibieron la noticia de que habían avanzado y el 30 fueron incluidos en la competencia oficial. Otro correo llegó el 7 de agosto, pero quedó en la carpeta de spam. Maritza lo encontró dos días después y, al revisar la resolución, confirmó que “La llamada de la medianoche” había obtenido el primer puesto.


El reconocimiento llevó al grupo hasta Villavicencio para recibir el premio. Allí, cuenta la docente, los organizadores se sorprendieron al conocer que el cortometraje había sido grabado con un celular y llegaron a verificar en varias oportunidades las condiciones en las que había sido producido. Cuando los cinco estudiantes finalmente vieron el reconocimiento con las palabras “primer puesto”, los gritos y los nervios reemplazaron las preguntas que durante semanas habían repetido cada vez que llegaba un correo. El premio también incluyó un estímulo económico de cuatro millones de pesos, que será distribuido según lo acordado entre los estudiantes y sus familias, además de destinar una parte a la compra de una bandera de Colombia para la institución.
Para Maritza Álvarez, el resultado también confirmó una forma de trabajar el español desde herramientas que hacen parte de la cotidianidad de sus estudiantes. El celular que habitualmente concentra buena parte de su atención terminó convertido en cámara, mientras la escritura, la lectura, el guion y la comunicación encontraron otro formato para ser trabajados en clase.

