Cerca del 83 % de la población colombiana está ubicada en zonas clasificadas con amenaza sísmica alta o intermedia, de acuerdo con información del Servicio Geológico Colombiano retomada por Blu Radio. Aunque buena parte de la Orinoquía aparece dentro de la categoría de amenaza baja, el mapa nacional muestra una condición diferente sobre el piedemonte y el sur de Casanare, donde varios municipios se encuentran entre las franjas de amenaza alta e intermedia.

Al observar la zonificación, Villanueva aparece dentro de la franja roja correspondiente a amenaza sísmica alta, condición que también alcanza sectores del sur del departamento. Sabanalarga y parte de Tauramena se ubican en la transición entre las áreas de amenaza alta e intermedia, antes de dar paso hacia el oriente a la extensa zona verde que caracteriza buena parte de los Llanos Orientales. Esta distribución está asociada, entre otros factores, a la cercanía del piedemonte con sistemas de fallas geológicas.

Uno de los sistemas que cobra especial importancia para esta zona del país es el Sistema de Fallas Frontal de la Cordillera Oriental, que se extiende desde el sur de Colombia siguiendo el borde oriental de la cordillera y pasa por sectores próximos al piedemonte llanero. A nivel nacional también se encuentran estructuras como las fallas de Romeral, Bucaramanga-Santa Marta, Oca y Boconó, además de otros sistemas que concentran parte de la actividad sísmica del territorio colombiano.

Las zonas de amenaza alta se concentran principalmente sobre la costa Pacífica, Nariño, Cauca, Valle del Cauca, Chocó, Eje Cafetero, sectores de Antioquia, Santander, Norte de Santander y la franja asociada a la Cordillera Oriental. En el nivel intermedio aparecen amplias zonas de Cundinamarca, Boyacá, Tolima, Huila, Antioquia y sectores del Caribe. En contraste, la Amazonía y buena parte de la Orinoquía presentan amenaza baja, lo que no significa que estén exentas de registrar movimientos sísmicos.

Personas buscan sobrevivientes en una edificación colapsada, en Cali – Jair F. Coll – 10 de junio 2026

Colombia también cuenta con uno de los sectores de mayor actividad sísmica, el denominado Nido Sísmico de Bucaramanga, ubicado en inmediaciones de Los Santos, Santander. Allí se registran numerosos movimientos a grandes profundidades, muchos de los cuales no son percibidos por la población. Paralelamente, el Servicio Geológico Colombiano mantiene redes de monitoreo y estudios sobre las fallas activas para establecer el comportamiento sísmico de las diferentes regiones.

La historia muestra que los movimientos de gran magnitud no se han limitado a una sola región. Entre los registros destacados aparecen el terremoto de la Costa Pacífica de 1906, de magnitud 8,8; el de la misma región en 1979, de 8,1; el de Murindó, Antioquia, en 1992, de 7,1; y el del Eje Cafetero de 1999, de 6,1. La identificación de estas zonas no permite anticipar cuándo ocurrirá un terremoto, pero sí establece los territorios donde pueden presentarse movimientos fuertes y sirve como referencia para las normas de construcción sismorresistente y la gestión del riesgo

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