Hay una idea que se repite casi como una ley en internet: para crecer hay que hacer ruido. El algoritmo parece premiar el escándalo, la tragedia, las bromas fáciles o la polémica. Sin embargo, uno de los creadores de contenido más reconocidos de los Llanos asegura que nunca ha construido sus videos pensando en el algoritmo. Los construye pensando en una historia.
Esa quizá sea una de las razones por las que Soy Llanero logró abrirse espacio en un ecosistema donde millones de publicaciones compiten cada día por unos segundos de atención. Detrás de cada video hay investigación, escritura, horas de grabación y, en ocasiones, semanas de trabajo para conseguir apenas unos segundos de imágenes. Pero, sobre todo, hay una pregunta que guía buena parte de su contenido, ¿qué historia vale la pena contar?
Cuando se apaga la cámara, Alexis Puerta asegura que sigue siendo exactamente la misma persona que aparece en sus videos. Se define como alguien curioso, “cuentero” o, como él mismo prefiere decirlo, un contador de historias. Esa curiosidad terminó convirtiéndose en la materia prima de un proyecto que hoy muchos identifican como Soy Llanero, aunque él prefiere definirse simplemente como creador de contenido.

Su relación con las redes sociales comenzó en abril de 2016. Por entonces ya veía una oportunidad en las plataformas digitales para contar historias sobre la región, pero el camino no fue inmediato. Durante varios años combinó ese proyecto con su trabajo como asesor en estrategia digital y realizador audiovisual, mientras fortalecía una idea que, con el tiempo, se convertiría en su principal ocupación.
Desde el comienzo tuvo claro que ese trabajo debía ser sostenible en el tiempo. Convertir una pasión en una actividad capaz de generar ingresos hacía parte del proyecto, aunque nunca fue el único propósito. Tan importante como construir una marca era aprovechar cada publicación para enseñar algo nuevo, despertar la curiosidad de las personas o dejarles una historia que, al terminar el video, sintieran que valió la pena haber conocido.
Quizá una de las respuestas más reveladoras aparece cuando explica cómo ha logrado crecer en un ecosistema digital donde pareciera que la viralidad pertenece casi exclusivamente al contenido fácil. Alexis no niega esa realidad. Al contrario, reconoce que existe un público enorme para ese tipo de publicaciones, pero sostiene que también hay espacio para quienes construyen comunidad alrededor de un propósito claro. La diferencia, dice, está en tener definido el norte y trabajar de manera consistente hacia él.

Su contenido no nace pensando en el algoritmo. Nace de la curiosidad. La mayoría de los temas que publica, asegura, simplemente aparecen porque quiere contarlos. Después viene el trabajo silencioso que pocas personas alcanzan a ver: investigar, escribir, desplazarse durante horas o incluso esperar meses para conseguir una sola toma que complete una historia. Hay videos que le ocupan cinco horas y otros que requieren semanas de producción para apenas unos segundos de imágenes.
Tampoco romantiza el éxito. Reconoce que hay contenidos en los que deposita grandes expectativas y terminan pasando desapercibidos, mientras otros sorprenden por su impacto. Para él, simplemente es parte del oficio. “La vida sigue”, resume sin dramatismos.
Si hubo un momento que cambió el rumbo de su proyecto, no fue un video viral ni una publicación con millones de reproducciones. Fue agosto de 2022, cuando decidió profesionalizar aún más su trabajo, aumentar la frecuencia de publicación, planificar mejor cada producción y comenzar a medir con mayor rigor los resultados. Esa decisión, más que cualquier algoritmo, marcó el crecimiento de Soy Llanero. Al final, resume ese punto de inflexión en una idea sencilla: profesionalizar el trabajo, dedicarle más tiempo, planificar y medir.
Hay otra idea que atraviesa toda su forma de entender este oficio. Alexis insiste en que muchos creadores se equivocan cuando persiguen únicamente la fama o la viralidad. Utiliza una comparación muy llanera para explicarlo: buscar la fama es como intentar atrapar un cachicamo persiguiéndolo. Cuanto más se corre detrás de él, más difícil resulta alcanzarlo. Su consejo es otro: hacer un trabajo sólido y dejar que el reconocimiento llegue como consecuencia, no como objetivo.

Esa misma lógica la aplica cuando habla de quienes quieren vivir de las redes sociales. Su recomendación no comienza por aprender a editar videos ni por descubrir el secreto del algoritmo. Comienza por la formación. Prepararse en el tema del que se quiere hablar, aprender a comunicarlo y entender que nadie tiene la obligación de consumir un contenido; es el creador quien debe construir razones para que las personas quieran quedarse hasta el final.
Cuando se le pregunta cuál es el verdadero producto que vende su marca, la respuesta llega sin rodeos: “Historias”. No habla de videos, de cámaras ni de millones de reproducciones. Habla de historias. Y quizá esa sea la explicación de por qué, en un entorno donde la atención parece comprarse con escándalo, él decidió competir con algo mucho más difícil de construir: contenido que enseña, sorprende y permanece en la memoria de quienes lo ven.
Y cuando piensa en cómo le gustaría ser recordado dentro de algunos años, tampoco menciona cifras ni reconocimiento. Su respuesta vuelve al mismo lugar del que partió toda esta historia: como un contador de historias.

