Las imágenes del terremoto ocurrido en Venezuela han abierto una pregunta que también resulta pertinente para Colombia ¿por qué un sismo de gran magnitud puede provocar el colapso de cientos de edificios en un país, mientras que en otros los daños estructurales son considerablemente menores? Aunque la fuerza del movimiento telúrico influye, especialistas coinciden en que la respuesta también está en la forma en que se diseñan, construyen y supervisan las edificaciones.
La experiencia internacional muestra que un terremoto no produce siempre las mismas consecuencias. Factores como las normas de construcción, la calidad de los materiales, el diseño estructural, el tipo de suelo y la fiscalización de las obras pueden marcar una diferencia significativa en el comportamiento de una ciudad frente a un evento sísmico. El propósito de una edificación moderna no es evitar cualquier daño, sino impedir el colapso y proteger la vida de quienes se encuentran en su interior.

Colombia vivió un ejemplo cercano hace apenas un año. El 8 de junio de 2025, un sismo de magnitud 6,5 con epicentro en Paratebueno, Cundinamarca, dejó severas afectaciones en el centro poblado de Santa Cecilia, donde decenas de viviendas colapsaron o quedaron inhabitables y la escuela resultó gravemente afectada. El balance preliminar indicó que alrededor del 80 % de la infraestructura del lugar requería reconstrucción, además de daños en instituciones educativas, iglesias y vías de municipios vecinos como Medina.
La comparación entre ambos eventos permite entender que la magnitud del terremoto es solo una parte de la ecuación. También influyen la profundidad del sismo, la distancia al epicentro, la duración del movimiento y las características del terreno sobre el que se levantan las construcciones. Suelos blandos o de relleno, por ejemplo, pueden amplificar las ondas sísmicas y aumentar los daños, incluso en edificaciones cercanas entre sí.

Chile suele citarse como uno de los referentes en construcción sismorresistente. Después de enfrentar algunos de los terremotos más intensos registrados en el mundo, el país fortaleció progresivamente sus reglamentos técnicos y los mecanismos de control sobre las edificaciones. Ingenieros consultados por distintos medios coinciden en que no existe un sistema constructivo perfecto, pero sí normas y procesos de supervisión que reducen considerablemente el riesgo de colapso durante un gran terremoto.
El terremoto vuelve a recordar una de las principales conclusiones de la ingeniería moderna: frente a un gran sismo, la diferencia entre una tragedia mayor y una ciudad que logra resistir suele empezar mucho antes del movimiento de la tierra, en la forma en que fueron concebidas, diseñadas y construidas sus edificaciones.

